sábado, 27 de octubre de 2012
INUNDACION DEL RIO SAGUA LA GRANDE EL 26 DE OCTUBRE, 2012
martes, 11 de octubre de 2011
Inundación de Sagua La Grande 1996
Imágenes de la inundación del río Sagua La Grande durante el huracán Lili en 1996.
domingo, 14 de agosto de 2011
El Noé de Sagua La Grande
Se reconoce como la más grande de las inundaciones que ha sufrido el pueblo de Sagua donde las aguas del río se mezclaron con las de la Laguna de los Hoyuelos y estas a su vez, con el manto freático de los Mogotes de Jumagua dejando por tanto un panorama de desolación en la Villa del Undoso donde “ningún techo quedó al descubierto”, surgiéndo la interesante leyenda del Noé sagüero.
En una época ya muy lejana, una famila sagüera escapó de una horrible inundación hacia Los Mogotes de Jumagua sobre una balsa de troncos.
Cuando se habla de inundaciones los sagüeros solo mencionan las dos grandes históricas que han quedado grabadas en la pared de la farmacia de Esparza frente al Casino Español en las calles Céspedes y Padre Varela ocurridas en 1894 y 1906 respectivamente en cuya crecida las aguas del río se unieron a la Laguna de los Hoyuelos al otro lado de la línea férrea actual. Pero ya por esas épocas muy pocos ancianos recordaban el horroroso diluvio de 1837 cuando las constantes aguas de Mayo mezclaron de forma inusual el Río,Laguna de los Hoyuelos y Mogotes de Jumagua.
Nunca antes la naciente población sagüera había comtemplado semejante cataclismo, aunque quizás, en la prehistoria este sí fuese un espectáculo común para nuestros indios.
En esta ocasión no existió un techo donde refugiarse, ni una pared donde marcar los niveles de las aguas.
Por esos tiempos ya Sagua tenía 148 casas (entre ellas 41 de mampostería) que rodeaban a la hermosa iglesia de gruesos tablones de madera y reluciente tejado erigida en lo que hoy es el anfiteatro.
En círculos concéntricos se abarrotaban:25 carpinterías, 7 zapaterías,2 herrerías, 2 tejares,6 pana-derías,2 billares,10 tiendas de ropa,5 carnicerías,3 fondas-bodegones,1 botica,1 sastrería,1 talabartería, además del cuartel español,1 cementerio(en el sitio que hoy ocupa el banco Canadá),una valla de gallos(que luego se trasladó a Padre Varela y Salvador Herrera, (propiedad del ilustre trovador de los campos de Cuba Don Francisco Poveda) y un correo entre otros establecimientos menores.
Desde principios Mayo, los aguaceros alarmaron a la población que no vió un solo momento de tregua. En pocos días el río se salió de su cauce y avanzando por las calles de Colón, Intendente Ramírez(hoy Solís) y el área del actual parque,se fucionó con la laguna que a su vez ya se unía a las ciénagas que se forman en Jumagua. El núcleo urbano se convertía entonces en un pequeño islote en medio de la gigantesca sabana ocupada por la laguna y la pobre gente atemorizada trasladaba sus pertenencias a los tejados de las viviendas y negocios.
No se dejó para la historia una estadística de las muertes y pérdidas materiales pero sí el curioso acontecimiento que protagonizó Don Pedro de Aguila el cual, preocupado por tan apocaliptico diluvio, construyó una gran balsa de troncos donde logró escapar a las lomas del Mogotes con toda su familia,pertenencias y su perro.
La hazaña de este pintoresco sagüero debe ser recordada en alguna placa de nuestra querida ciudad, así como los muertos de tan terrible catástrofe publicada en periódicos de fín de siglo pero luego silenciada en la oscuridad del siglo XX. Muchos monumentos nos quedan por erigir.
Más detalles sobre Inundaciones del Undoso en el Website:
http://meteoros.galeon.com
ARCHIVO SABANEQUE
1970-2011
jueves, 23 de diciembre de 2010
Inundación de Sitiecito , Sagua La Grande 1948
miércoles, 20 de enero de 2010
Inundación de 1906, Desaliento del Pueblo / Sagua La Grande
DESALIENTO DE UN PUEBLO

Continuación de la narración de Alcover hora tras hora...
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"Al día siguiente de la inundación, la prensa de La Habana llegada a Sagua, dada cuenta en sus columnas, bajo el rubro común de “Las inundaciones de la Isla.” De todas aquellas otras calmidades de esa índole acaecidas por estos días en los distintos poblados del territorio cubano.
"De Sagua que acaba de sufrir imcomparable golpe por la mano despiadada de la naturaleza, ni una palabra se ha encontrado en estos grandes rotativos. El caso, raro para las gentes que no tienen paciencia, explicado está, sin embargo, en la circunstancia de la incomunicación en que estuvimos y en las dificultades mismas con que, después, ha tropezado la comunicación. Las informaciones llegaron algo retrasadas a La Habana, y por consiguiente, la prensa de esa capital no pudo ocuparse de la catástrofe de Sagua con la oportunidad que todos quisieran."
"Pues bien: esta pequeña e involuntaria demora, fue calificada por el pueblo de Sagua como de indiferencia por parte de La Habana ante la gravedad del mal aquí ocurrido; y no solamente a lo dicho se concretó el descontento, desde luego infundado por ese lado, sino que entró un gran desaliento, desaliento que aún reina, porque se ha visto con pesar profundo que tanto por la prensa como por el Gobierno, se han dado las mismas proporciones a unas inundaciones que a otras, siendo así que nada hay más erróneo que confundirlas como idétincas calamidades solo diferenciadas en las proporciones."
"El pueblo de Sagua desconfía de su salvación, y desconfía por esa apreciación que acabo de exponer. Ve o quiere ver que con Sagua no hay distinción, y prepara el petate. No piensa más que en abandonar la Villa."
"Poco costoso, por ejemplo, sería que el Roque, el Aguacate, el perico, San Nicolás y otros sitios, mudaran de asiento levantado sus respectivos caseríos. Sus casas, casi todas de madera y pequeñas, podrían trasladarse a otra situación más elevada y conocida ya como libre de las aguas, pero Sagua …… Sagua no puede mudarse como la loma de Rodas, Sagua acabará por despoblarse: los comerciantes e industriales irán liquidando paulatinamente o vendiendo por una bicoca, para retirarse a otros puntos; los propietarios verán si pueden traspasar sus fincas a otras manos, a cualquier precio; los compradores de gangas no abundarán, porque la despoblación misma hará que falten inquilinos y que los alquileres sean muy bajos. "
"El miedo de morir ahogados o por el desplome de un edificio; el temor de perder los capitales invertidos y la ansiedad latente ante la amenaza de un enemigo tan permanente, acabarán con la vida de Sagua, y este será un pueblo ruinoso, pobre y desprovisto de sus alicientes, de sus atractivos de ayer, y aún de hoy."
"Urge, por consiguiente, y de urgencia es vital, que se ateje el desarrollo del malestar general que impera. No se oye más que hablar de cambios de residencia, de liquidaciones de cierre. Cese esa natural desconfianza; pero cese por la actividad y buen deseo que demuestre el Gobierno. "
"Si los vecinos, los comerciantes, los industriales y los propietarios ven que las obras del río comienzan; renacerá la confianza y lejos de decrecer Sagua, aumentará, pues esas obras de salvación redundarán por descontado, en bien del comercio mismo y de la navegación fluvial que tomarán grande incremento; esto aparte de que el numeroso contingente obrero empleado en las obras, dará vida , con la inversión de sus jornales en la compra de artículos de primera necesidad y de otras clases, al movimiento mercantil de la plaza."
jueves, 10 de diciembre de 2009
Destrucción del Casino en la inundación de 1906
...continuación de la narración de Alcover...
EL CASINO ESPAÑOLLa destrucción del Casino Español fue una realidad tristísima. Hace pocos días lucía con magnificencia las más esplendorosas galas con motivo del régio matrimonio del Rey Don AlonsoII con la bellísima princesa inglesa Doña Victoria Ena de Battenberg. ¡Cuanta diferencia hoy! Aquello es una ruina que apoca el ánimo más templado. Dá grima y desconsuelo ver la destrucción que ha sufrido el centro de los laboriosos y dignos españoles de Sagua.
Yo quise entrar hasta el fondo a verlo, a ver la Biblioteca, mi departamento: porque yo, que nunca he renegado de mi suelo, era el Bibliotecario del Casino; pero no, no entré . Vicente León, el Conserje, me dijo: “No entre Vd que se va a espantar”, y yo no entré. ¡Pensar que solamente la anaquelería costó un dineral; que era una obra hermosísima de escultura en madera; que no había otra institución de esa índole en Sagua, y se comprenderá que la acción devastadora de la horrenda catástrofe ha sido impía, infernal! Tengo para mí que de este hecho, la colectividad que allí estuvo durante 40 años, desocupará el local, y hará bien . Tendremos un edificio nuevo más y suntuoso en Sagua.
LOS ARCHIVOS
En cambio, satisfactorio es decir que los archivos se han salvado, o , por mejor decir, se han salvado los de los Juzgados de Instrucción y Municipal, el del Ayuntamiento, el de Protocolo, etc. No hay razón que justifique pérdidas en este sentido y si alguno se hubiera mojado o perdido- de lo cual no tengo noticias- la responsabilidad es pura y exclusivamente de sus encargados.
Solamente por incuria o por miedo podía haberse perdido alguno, pues con tiempo más que sobrado se avisó al vecindario, y prueba de ello es que son contadas las casas de familia que no defendieron sus muebles. Si alguna familia perdió algo o mucho, atribúyase unicamente a la falta de hombres directores en los momentos críticos. El compañero en la prensa Sr. Nemesio Alvaré, por ejemplo, ha sufrido enormes pérdidas en su casa, porque se encontraba él en Cienfuegos. Su respetable esposa, rodeada de siete criaturas por cuya salvación procuraba, llena de pánico al verse sola, a penas si tuvo valor y serenidad para mirar por sus tiernos hijitos. Ahí las pérdidas están más que justificadas y los que en el mismo caso se encontraron, dignos son también de compasión y de respeto.
Pero allí en donde hubo hombres y lejos de atender a los agrados intereses generales que les estaban confiados se fueron a “bobear” a lugares de sensación o a llorar por la mala estrella del pueblo, la responsabilidad por las pérdidas es exclusiva, y no hay justificación posible. La mayor parte de las casas de comercio se salvaron totalmente y ello se explica en el aviso oportuno que con anticipación dio el Sr. Alcalde en la misma alarma ante la seguridad inminente de la catástrofe que solo no veían los eternos descreídos que se acuerdan de Santa Bárbara cuando truena.
martes, 3 de noviembre de 2009
Detalles de la Inundación de Sagua La Grande en 1906
… continuación del relato, minuto a minuto, de Antonio Miguel Alcover, sobre la gran inundación del río Sagua La Grande en 1906.VARIOS DETALLES
Voy a terminar esta carta con algunos por menores ligeros.
El comportamiento de los bomberos, policía y rural, ha sido admirable y digno de recompense.
El alumbrado público tanto eléctrico como de gas, ha comenzado a prestar servicios, gracias a la actividad del gerente de dicha empresa, señor Gerardo J. Romero.
De la Isabela mandarin el 19 un tren de auxilios con embarcaciones menores.
Muchas familias salieron del pueblo en las primeras horas del día de la inundación, con dirección a la Isabela y Chinchila.
Los presos de la Cárcel fueron trasladados a la casa Ayuntamiento.
El agua no llegó al Hospital, como tampoco a un espacio reducido de Sagua, al cual, el pueblo llama, “El Cayito”, “Loma Bonita”, y “La Islita” (Céspedes y Carrillo).
El comerciante señor Pablo Sampedro ofreció pagar la mitad del importe del tren expreso que conduzca la Comisión a esa Capital.
El río no ha concluído su descenso.
Sagua La Grande, Junio 19 de 1906
Sr. Director de “El Mundo”
En mi carta anterior, referísolamente los puntos más culminantes de la catástrofe en sus momentos primeros y críticos. Voy a dedicar esta de hoy a tocar otros efectos del mal y concretar algunos puntos que es preciso pasen a la categoría de indiscutibles para que no se confundan con otros análogos.
DESGRACIAS PROPIAS
Empezaré por mí, que pluma en mano para reseñar cuitas agenas no había de condenarme a la postergación por exigencias de la tonta modestia, virtud esta que, probado está, no es la mejor amiga de la fama y de la popularidad de los hombres del día. Conozco más de una “nulidad” que ni siquiera ha posido llegar a la considereción de medianía y, sin embargo, es todo un “ilustre”. Y no digamos nada de los “virtuosos” que, por no dar la modestia al amigo periodista, se hacen su propia apología y se ensalzan a sí mismos con una san facon que causa enojo, porque esto es cosa ya que pasó a la série de los “modernismos”. Y, después de todo, el caso es natural. ¿Quién mejor que uno mismo puede conocer los méritos propios? Y si para complementar la obra humana de la auto-glorificación, está la imprenta, ¿Cuándo fueron desdeñosos con los osados las “negras hijas de Cadmo”?
Pues bien, con ese criterio por bandera, no es difícil justificar la actitud, por de contado corriente, que asumo, de no dejar en el olvido, en defecto de mis “méritos” como hombre de pró en los momentos de la inundación,”lo que he sufrido en mis intereses por hacer el papel de Don Quijote en un pueblo, por fortuna noble y digno, aunque desgraciado, sin embargo, porque lo azotan despiadadamente los elementos y lo agitan unos cuantos tipos logreros de procedencia extraña, más interesados en su bien personal que en el bienestar general.
Habiera salvado totalmente mi imprenta si hubiese sido más práctico; pero el Alcalde solicitó mi concurso desde los primeros momentos y yo, que en eso de ser “Quijote” me pinto solo, porque no en balde mi madre me llamaba cuando niño. “candil de la calle y oscuridad de la casa, “lo abandoné todo a la buena voluntad y diligencia de los míos, y aguantando agua por arriba y recibiéndola después por abajo, hasta la cintura, anduve de Ceca a Meca con la primera autoridad local en funciones, modelo de autoridad, que imitando también al personaje clásico del manco de lepanto, hizo otro tanto igual con su familia y con sus intereses.
Hubo necesidad de imprimir, como decía en mi anterior, la alocución al pueblo y no había imprenta que aceptara el trabajo. Alfert me dijo: “Alcover, hay que hacerlo; la salvación del pueblo lo demanda, etc”. Y venciendo la natural resistencia de mis operarios, digo, de los obreros de mi casa, Antonio Cotilla, Rogelio Rojo y Filiberto Alcover, a los cuales encontré atareados en la obra de salvamento de la imprenta, logré al fin que la pusieran en tipos la alocución y que tiraran tres o cuatro mil hojas volantes. Acabaron a las 10 a 11 de la mañana y se fueron los unos a sus casas y mi hermano a prestar servicios como bombero, quedando la imprenta a merced de la suerte, que me fue adversa.
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