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domingo, 12 de agosto de 2012

jueves, 22 de abril de 2010

Continuación de la inundación de Sagua La Grande en 1906

Narrado por Antonio M. Alcover minuto tras minuto
durante los días 16 y 17 de Junio de 1906.

"ELOGIO DEL ALCALDE, GRATITUD DE SAGUA"

"De todo lo expuesto y de cuanto más se calla, pero que se vió, resulta que el Alcalde Municipal de Sagua La Grande, señor Carlos Alfert, hijo de esta Villa, ha demostrado en ocasión tan triste y suprema de prueba, que es digno del cargo que viene desempeñando con carácter de interino; y el pueblo sagüero, generoso y agradecido, tendrá que reconocer como buenos los importantes servicios que el señor Alfert ha prestado en su caráter de celosa autoridad, sin reservas mentales, sin reticencias, sin insidiosidades deshonestas, sin preocupaciones mezquinas, guiado solo por el cariño a su pueblo, al pueblo en que nació, y por sentimientos de humanidad."

"No quiero creer, ni mucho menos, que haya sido mi primera correspondencia acerca del triste suceso de Sagua, publicado con preferencia, digna también de gratitud, por El Mundo del día 21 de Junio que acaba de pasar, la que modo siquiera indirecto y moral pudiera haber ejercido alguna influencia ligera en el ánimo de los políticos que en La Habana están en condiciones de hacer mucho por la salvación de Sagua, ya que esa correspondencia, confeccionada con toda la conciencia del testigo y como complemento de la precursora información telegráfica, fue de las que, con todos los más espeluznantes antecedentes y detalles; dio a conocer en la Capital de la República y a la faz del país, la magnitud de la catástrofe, el sentir de este pueblo y la urgencia de las medidas que se demandan. "


"No quiero, no, creer-repito-que esos telegramas y esas correspondencias hubieran influído en nada; pero nadie negará que algunas indicaciones en ellas hecha, no parece que hayan sido inútiles. Los ofrecimientos cumplidos, del Senador Sr. Emilio Bacardí, y del Gobernador Civil General José B. Alemán, no se hicieron esperar, como tampoco las gestiones eficaces y activas de los Representantes Sres. Manuel Ajuria, Justo Carrillo, Rafael Martínez Ortiz, Marco A. Longa, José Luis Robau, Alejandro Neyra, y Antonio Torrado, a cuya acción común se debe el éxito tan lisonjero alcanzado de concedérsele a Sagua $ 100.000 sola para la reparación de los daños sufridos sin perjuicio de que se atienda con urgencia a la obra del río."

"Se comenta también con inequívocas muestras de gratitud, la excelente disposición en que se colocó, al decir de las informaciones que se reciben, el Honorable Presidente de la República Sr. Estrada Palma, así como sus Secretarios de Gobernación y Obras Públicas, generales Rius Rivera y Montalvo, respectivamente."

"Algunos elementos de esta sociedad, de todas las clases y matices políticos, movidos por un sentimiento de gratitud hacia el Gobierno central, hacia los Representantes y Senadores, hacia el General Alemán, hacia el Alcalde Municipal y, en una frase, hacia todos los que se portaron como buenos con motivo de esta catástrofe que acaba de pasar Sagua, se dispusieron a efectuar una manifestación de gracias; pero fue suspendida para evitar choques. Aquí nunca falta un perverso que dé al traste con toda idea noble. Las acciones generosas han de encontrar siempre en alguna alma mezquina, quien las tergiverse, las involucre, las falsée; nada se respeta ni en los grandes momentos. Y no es el pueblo el culpable; es que hay algo pernicioso que lo corroe."


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lunes, 19 de abril de 2010

Inundación del río Sagua La Grande en 1906

Continuación...


LA SEGURIDAD PUBLICA Y EL AGUA POTABLE

Acontecimiento narrado minuto tras minuto el 16 y 17 de Junio de 1906 por Antonio Miguel Alcover.


LA SEGURIDAD PUBLICA

Cubiertas las perentorias exigencias de la higienización y del hambre, se imponía que al propio tiempo fueran adoptadas medidas de orden público a fín de evitar los desmanes de los que dejándose guiar por instintos criminales y queriendo aprovecharse de las circunstancias anormales porque se atravesaba, intentara apoderarse de lo ajeno contra la voluntad de su dueño y a espaldas de este.


Verdaderamente que para los “cacos” los momentos no podían se más propicios. Muchos objetos y muebles estaban a la intemperie; no pocas viviendas ofrecían escasas seguridades en sus cierres; la oscuridad de la primera noche convidaba a la maldad ; la consternación era general; el temor de una “recidiva” que diría un galeno, tomaba cuerpo en la creencia del pueblo….. constituyendo todo esto un motivo bastante para la adopción de medidas de seguridad pública.

Y fuerza es confesar que tanto la guardia rural como la policía municipal, garantizaron la tranquilidad, sin que se tenga que registrar ningún caso digno de mención. Sagua, en ese momento, dio pruebas de moralidad.

AGUA POTABLE

Y entra ahora la cuarta cuestión de importancia que se presentó al Alcalde: el agua. El acueducto estaba interrumpido y no daba al consumo general el precioso líquido. Las aguas de los aljibes se habían confundido con las infectadas del río. No había pues, agua para apagar la sed y para las comidas, excepto en aquellas casas que salvaron la contenida en tanques.


El conflicto se presentaba en proporciones difíciles, pues aunque la empresa del ferrocarril puso a la disposición de la Alcaldía los carros tanques, que podían traer agua potable de donde la hubieray fuera fácil buscarla, ello, a mi entender no habría manera alguna resuelto el problema.

Pero la diligencia del administrador gerente del acueducto seño Gerardo J. Romero, salvó la situación y el pueblo de Sagua se vió pronto en disposición de aprovechar tan indispensable servicio. Plácemes merece el señor Romero y creo que oficialmente se le han rendido la más sinceras expresiones de agradecimiento.

Con muy buen juicio, después, el Alcalde ha ordenado que la bomba de incendios achicara los algibes y fueran limpiados.


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miércoles, 24 de marzo de 2010

Inundación del Sagua La Grande 1906 - Saneamiento

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Sagua La Grande, 2 de Junio de 1906
Señor Director de “El Mundo” –Habana

INFORMACION COMPLEMENTARIA

Como complemento de la información referente a la catástrofe que acaba de experimentar, una vez más, el ya sufrido pueblo de Sagua, cumple a mi deber hacer constar diversos extremos y circunstancias dependientes del importantímo cuan desgraciado suceso de la inundación, aún no recogidos para la Historia en estas columnas.

Si la crónica ha de ser metódica, y en mis cartas a El Mundo ya expuse, aunque a grande rasgos, los detalles del tremendo acontecimiento en sus momentos críticos; parece discreto ahora comenzas, a partir del punto y hora en que el mal terminó, la relación de los hechos subsiguientes.


Desde el instante en que se manifestó la paralización del crecimiento de las aguas a eso de las 12 de la noche del 16, hasta que se inició el descenso en la noche del 17, transcurrió un tiempo, si corto, suficiente para desesperar a un pueblo que se había visto, durante algunas horas de temores y de angustias, sitiado por la impetuosa corriente de un río desbordado. Y el decrecimiento fue lento, muy lento. Duró como veinte horas.

Cuando la Villa se vió libre de las aguas del río, entonces pudo observarse el cuadro triste de sus calles destruídas. Dentro de las casas, un fanguillo jabonoso y pestilente cubría muebles y pisos, predeterminando una epidemia. El ambiente saturado de humedad y de los malos olores que emanan de los cuerpos y materias orgánicas en estado de descomposición, completaba el cuadro desolador de la catástrofe.

Cuatro problemas de orden público, pues, y como consecuencia inmediata, se presentaron a la discreta solución de la primera autoridad municipal: la higienización, el hambre, la seguridad general y el agua potable.

EL SANEAMIENTO

La inundación dejó muchas suciedades y deterioró una gran cantidad de artículos y de objetos que quedaron reducidos a la condición de basuras, amén de las inmundicias que en las calles y casas formó para dejar así constituída una gran amenaza a la salud pública. El Alcalde Municipal de acuerdo con el distinguido Dr. E. F. Rodríguez, Jefe de Sanidad, y como hombre de ciencia y conciencia, orgullo legítimo de los sagüeros, dispuso sin pérdida de tiempo la formación de brigadas en las que prestaron servicio muy cerca de trescientos hombres, dándose en este caso el ejemplo cívico, que mucho enaltece al digno Alcalde Sr. Carlos Alfert, de no establecer preferencias enojosas e irritantes en la elección de individuos; que así es como lo hacen los que gozan del privilegio de tener sentimientos generosos y de justicia.


Esas brigadas, con rapidez asombrosa, realizaron el saneamiento de Sagua hasta donde era posible hacerlo. Ni un centavo vino de fuera para esa obra; este Ayuntamiento tenía sobrantes en sus arcas, y prévia la correspondiente autorización, de ellos se valió para hacer en seguida, y hacerlo bien, el trabajo que de haberse demorado en espera de recursos extraños, acaso habría sido de funestas consecuencias.

Nunca faltan descontentos y censuradores; pero esos critican por sistema o por despecho. No harían ellos más; acaso hicieran mucho menos.


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miércoles, 24 de febrero de 2010

El Puente y El Muelle , Inundación del Sagua La Grande en 1906

...continuación...
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EL PUENTE

Y ahora, tocados los dos extremos más sobresalientes del problema que Sagua ofrece para su resolución al Gobierno, pasemos a otras cuestiones de positiva importancia también. El puente y el muelle. Esas dos obras públicas han sido, la una muy azotada, presentando enormes desperfectos que serán costosos, y la otra totalmente destruída.

De la obra del puente no quiero ocuparme porque tengo para mí que será acometida a todo escape. Aquello ofrece un grandísimo peligro y no deja abandonada una obra nueva que acaba de costar como treinta y cinco mil pesos. La barandas de concreto que estaban en las entradas del puente, hay que reponerlas de nuevo y rellenar la profunda excavación que el agua hizo por el estribo de la parte del barrio de San Juán. La superestructura, por este extremo de San Juan, ha cedido en una pulgada y cuarto al empuje de la corriente, movimiento que prueba uno de los tornillos que sujeta la cabecera libre sustentada sobre los rolletes para las dilataciones del hierro. El deterioro sufrido por el puente puede calificarse de serio, y de seguro algunos miles de pesos costará volverlo a su antiguo estado.

EL MUELLE

El muelle es una obra de carácter municipal que, de dejarse a la solvencia del Ayuntamiento, acabará por volver a ser “alimento de la próxima creciente.” No se sabe ya cuantas veces el río ha convertido en juguete de sus furias al muelle municipal de Sagua. Cualquier avenida, por pequeña que sea, cubre el piso de esta obra pública; y cuando tiene tinglado, se lo lleva. ¿Es juicioso hacer lo mismo, gastar otra vez dinero en repetir la obra, para que tal sea su fín inprescindible? Nó. La rutina en este caso, más que majadería perniciosa, sería una obstinación estúpida.

El muelle, hecho ahora con recursos del estado, porque el Ayuntamiento ha gastado en sus distintas composiciones y reconstrucciones algunas decenas de miles de pesos, debe hacerse totalmente nuevo, a la altura de la calle de Colón, a cuyo nivel de seguro que no llegará el río y mucho menos si se llevan a cabo las obras que se demandan. La estacada puede ocupar todo el espacio que hoy cubre el muelle y también el espacio de la calle para atraque de carretones comprendido entre el muelle y el muro que demarca las calles de subida. La estacada puede asimismo ocupar todo el declive que forma la calle paralela al muelle que se comprende entre el muro que llaman del muelle y el que sirve de contén a la antiguamente denominada “Plaza de los alambres;” todo esto cubierto con tablones. Por las calles de E. J. Varona y Luis Mesa, procede construir nuevos muros laterales y hacer el relleno de piedra, llegando por ambas calles el muelle hasta la calle de Colón. Con un muelle así, que tenga además buenos yigres, en lugar de bueyes como hoy se estilan, y un gran tinglado o almacé de depósito, habrá resuelto Sagua y su comercio el problema de tener muelle para siempre sin temor a las crecientes.

Tales son las obras que, hoy por hoy, demanda la abatida Villa de Sagua La Grande.


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Narrado por Don Antonio Alcover minuto tras minuto
durante la gran inundación del Undoso en 1906
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miércoles, 10 de febrero de 2010

La obra del río (inundación de Sagua La Grande 1906)

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...Continuación de la narración de Alcover en 1906...

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La obra de incuestionable necesidad y urgencia, es la del desagüe del río. Esta es perentoria, inminente, urgentísima, palpitante. La vida de Sagua la demanda a gritos estentóreos. Encuéntrase hoy este pueblo en el estado de esos enfermos graves que requieren de la inmediata intervención quirúrgica; si así no se hace, muerenirremisiblemente. Si enseguida no se procede a estudiar el problema del desagüe y la obra no se acomete con decisión y prontitud, podremos decir que la República ha dictado su fallo inexorable:

“Delenda est Sagua”

Y destruída sea por el abandono en que se deja, a merced de la furia del río que la baña.

Federico M. Alcover, ingeniero civil, de la Escuela de troy (Albany, N.Y.) y tío del que suscribe, -fallecido el pasado año – era un conocedor inteligente de toda la comarca que riega el Sagua temible. Como cuarenta años hacía que venía midiendo terrenos por la jurisdicción y conocía el río al dedillo, como suele decirse. Muchas veces, sin que jamás lo hubiera visto variar de criterio, me dijo: - “No me diera Dios trabajo más difícil de vecer en la vida, que llevar a cabo esa obra que llaman tan romana, de poner el río en condiciones de que, por los siglos no ofrezca peligros para Sagua.”

Y el ingeniero Alcover decía: “hacer un desagüe por medio de una zanja o canal en Sitiecito o antes de llegar a esta Villa, buscando el consiguiente derrame de las aguas por un plano inclinado que las conduzca a la costa del Este; después, ahorrar millas entre Sagua y la boca del río, es decir, ofrecer rápida y franca salida, rompiendo los tornos y destruyendo las pasas. Si se quiere más, una zanja ancha entre el demolido ingenio “Pastora,” (situado a la derecha del río, entre Sagua y la desembocadura) y la playa del Uvero, en su mayor parte terreno cenagoso, y se habrá conseguido librar a Sagua de toda posibilidad de inundaciones.

Esa, u otra, es la obra que hay que realizar, cueste lo que cueste, porque así lo demanda uno de los pueblos más cultos, más conocidos, más bonitos y acaso el más castigado de Cuba.

No hay que pensar en canalización ni en cosa parecida. La importancia comercial de Sagua no es suficiente a demandar la inversión de una porción de millones de pesos, que a tanto ascendería la obra en que piensan muchos ilusos. Sublime sería que se hiciera; pero, gracias que conmovamos a nuestros legisladores a fin de que nos dediquen un millón para lo que necesitamos, o un poco más si fuese menester. Nada de más exigiríamos. En estos críticos momentos estamos viedo que solo para dar agua a Camagüey se concederán $ 600, 000 y por ahí otro tanto se concedió antes a Santiago de Cuba para obra análoga. Acaso el puerto de Cárdenas, sin resultado positivo alguno al fin, cueste al Tesoro nacional algunas millonadas y no costará menos el paseo del Malecón en esa Capital. En buena hora sea todo y para todos; pero de ahí que Sagua, en estos momentos necesita de mucho menos de lo que suman esos beneficios citados. No es cuerdo,ni legítimo, ni patriótico discutirle el derecho a la vida y la tranquilidad a un pueblo que honra como tal, desde el punto de vista urbano y del comercial, a la nación cubana.



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... Narrado minuto a minuto por Don Antonio Alcover durante la inundación de Sagua la Grande el 16 y 17 de Junio de 1906...
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miércoles, 27 de enero de 2010

Obras Imperiosas - Inundación de Sagua La Grande 1906

...continuación de la narración (in situ) de Alcover...

Dos son, por el momento, las más imperiosas obras que demanda Sagua. Tales, la recomposición de sus destruídas calles y el desagüe del río. De ambas voy a ocuparme seguidamente.

LAS CALLES

Las calles de Sagua, sin temor a caer en exageración, puede decirse que eran las mejores que había en Cuba, inclusive La Habana, salvo las asfaltadas. Así como suena, y no hay que sorprenderse ni tomarlo a broma. Era una pavimentación sólida y lisa que no solamente permitía un tránsito a pié y en coche fácil y cómodo, sino que no daba lugar a la formación de charqueros ni fangales durante la lluvia más torrencial y continuada, dándose por el contrario, el bonito espectáculo de aparecer secas pocos momentos después de cesar la caída de las aguas.


En este desagüe de las calles en que así sucedía, influía desde nuevo la existencia de cloacas. En las calles no compuestas y desprovistas de cloacas, la situación era y sigue siendo distinta, pues en tiempo de agua se formaban, y siguen formándose grandes fangueros . Pero el mal de esas calles íbalo arreglando el Ayuntamiento con la composición anual por tramos . Ultimamente se construyeron un tramo en la calle de Casariego y otro en la calle de Calixto García, vías en que el tránsito de carruajes era imposible.

Descompuestas en su totalidad las calles de Sagua, hasta el punto de ser casi imposible el tránsito de coches y demás vehículos, procede recomponerlas sin pérdida de tiempo. Pero ningún ayuntamiento tiene fondos propios para acometer de momento esa obra, que duraría muchos, pero muchísimos años, y esto ni puede ni debe quedar así. Hay que arreglarlas todas, en general, las llamadas compuestas y las no compuestas; pero hay que arreglarlas en seguida, sobre la marcha, sin perder tiempo. El deterioro sería mayor de dejarse en el triste estado en que se encuentra actualmente. Y hay que construir las cloacas en aquellas calles que no las tenga, para que el desagüe sea total, rápido y perfecto. La población, conseguida esta finalidad, se habrá higienizado de una manera asombrosa y plausible.

Pero, como antes dije, el Ayuntamiento de Sagua que es uno de los pocos que tienen sobrantes y acaso de los mejores, por no decir el mejor administrado en la Isla, no dispone de recursos suficientes para acometer una obra que representa sesenta años de labores e inversiones constantes. Y no estando en condiciones tales, procede que se le faciliten medios, ya autorizándolo para abrir un empréstito, ya dándole el Estado los recursos que se calculen necesarios.


DESAGÜE DE VILLA-ALEGRE

Sea en una u otra forma, lo que urge es que las calles se compongan todas, que las calles que hagan falta se construyan, y que, de una vez, se realice el desagüe de Villa-Alegre, expuesto a inundaciones- como esas que se quieren, desgraciadamente por error, confundir con las de Sagua en 1894 y 1906- que se repiten tres y más veces en el año (sin que) asombren a las naciones extranjeras ni se (comente en) el Congreso de la República.

Eete mencionando barrio de Villa-Alegre en Sagua, que, como queda indicado, se inunda con frecuente periocidad, cada vez que llueve tres o cuatro días consecutivos; ese barrio, en que están los talleres de la “Cuban Central” y otras importantes industrias y establecimientos públicos, es por sí solo, más grande y poblado que esos pueblecitos cuyas inundaciones lamentables por de contado, alarman tanto y tanto despiertan la atención general. ¿Se ha ocupado nadie, fuera de Sagua, de las inundaciones de Villa-Alegre? Lo probable será que no sea conocido ni el barrio y mucho menos sus frecuentes inundaciones. Aquí se hacen toda clase de esfuerzos por ir evitándolas poco a poco, sin que hasta la fecha esa calamidad se haya llevado a la prensa de La Habana, a la Cámaras, ni al Gobierno.


Hay cosas en los pueblos o en los municipios, mejor dicho, que son obras exclusivas de sus Ayuntamientos y del esfuerzo de sus vecinos. Mientras el Congreso de la República ha votado, por ejemplo, créditos para acueductos (que se han despachado a granel y de todos los precios), para rastros o mataderos, para composición de calles, para muelles, etc. Sagua La Grande, que ha sabido siempre sus deberes, se construyó su rastro, sus muelles y sus calles, sin que jamás apelara al favor de arriba.

Hoy las cosas han variado; una gran catástrofe, una fuerza mayor en forma de elemento devastador, ha convertido en pocas horas en ruinas, lo que era la admiración del visitante. Cuando tal cosa sucede, y cuando antes se fue pródigo con lo injustificado, ¿qué menos debe esperarse en estos instantes críticos sino que el Congreso y el Gobierno de la República acudan con manos abiertas en auxilio de la desventurada Villa de Sagua?.

Narrado por Antonio Miguel Alcover minutos tras minuto.
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miércoles, 20 de enero de 2010

Inundación de 1906, Desaliento del Pueblo / Sagua La Grande

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DESALIENTO DE UN PUEBLO

Continuación de la narración de Alcover hora tras hora...
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"Al día siguiente de la inundación, la prensa de La Habana llegada a Sagua, dada cuenta en sus columnas, bajo el rubro común de “Las inundaciones de la Isla.” De todas aquellas otras calmidades de esa índole acaecidas por estos días en los distintos poblados del territorio cubano.

"De Sagua que acaba de sufrir imcomparable golpe por la mano despiadada de la naturaleza, ni una palabra se ha encontrado en estos grandes rotativos. El caso, raro para las gentes que no tienen paciencia, explicado está, sin embargo, en la circunstancia de la incomunicación en que estuvimos y en las dificultades mismas con que, después, ha tropezado la comunicación. Las informaciones llegaron algo retrasadas a La Habana, y por consiguiente, la prensa de esa capital no pudo ocuparse de la catástrofe de Sagua con la oportunidad que todos quisieran."

"Pues bien: esta pequeña e involuntaria demora, fue calificada por el pueblo de Sagua como de indiferencia por parte de La Habana ante la gravedad del mal aquí ocurrido; y no solamente a lo dicho se concretó el descontento, desde luego infundado por ese lado, sino que entró un gran desaliento, desaliento que aún reina, porque se ha visto con pesar profundo que tanto por la prensa como por el Gobierno, se han dado las mismas proporciones a unas inundaciones que a otras, siendo así que nada hay más erróneo que confundirlas como idétincas calamidades solo diferenciadas en las proporciones."

"El pueblo de Sagua desconfía de su salvación, y desconfía por esa apreciación que acabo de exponer. Ve o quiere ver que con Sagua no hay distinción, y prepara el petate. No piensa más que en abandonar la Villa."

"Poco costoso, por ejemplo, sería que el Roque, el Aguacate, el perico, San Nicolás y otros sitios, mudaran de asiento levantado sus respectivos caseríos. Sus casas, casi todas de madera y pequeñas, podrían trasladarse a otra situación más elevada y conocida ya como libre de las aguas, pero Sagua …… Sagua no puede mudarse como la loma de Rodas, Sagua acabará por despoblarse: los comerciantes e industriales irán liquidando paulatinamente o vendiendo por una bicoca, para retirarse a otros puntos; los propietarios verán si pueden traspasar sus fincas a otras manos, a cualquier precio; los compradores de gangas no abundarán, porque la despoblación misma hará que falten inquilinos y que los alquileres sean muy bajos. "


"El miedo de morir ahogados o por el desplome de un edificio; el temor de perder los capitales invertidos y la ansiedad latente ante la amenaza de un enemigo tan permanente, acabarán con la vida de Sagua, y este será un pueblo ruinoso, pobre y desprovisto de sus alicientes, de sus atractivos de ayer, y aún de hoy."

"Urge, por consiguiente, y de urgencia es vital, que se ateje el desarrollo del malestar general que impera. No se oye más que hablar de cambios de residencia, de liquidaciones de cierre. Cese esa natural desconfianza; pero cese por la actividad y buen deseo que demuestre el Gobierno. "


"Si los vecinos, los comerciantes, los industriales y los propietarios ven que las obras del río comienzan; renacerá la confianza y lejos de decrecer Sagua, aumentará, pues esas obras de salvación redundarán por descontado, en bien del comercio mismo y de la navegación fluvial que tomarán grande incremento; esto aparte de que el numeroso contingente obrero empleado en las obras, dará vida , con la inversión de sus jornales en la compra de artículos de primera necesidad y de otras clases, al movimiento mercantil de la plaza."


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martes, 5 de enero de 2010

Inundación 1906, pérdidas y conformidad

...continuación de la narración de Alcover en 1906...

LAS PERDIDAS

"La pérdidas, digan lo que quieran algunos comerciantes de La Habana, que no quieren ver aquello que no les conviene ver, son de consideración, pues si bien es cierto, muchos tuvieron lugar y elementos para poner a salvo la mayor parte o totalidad de sus existencias, eso no excluye la razón de la desgracia tenida por otros, ni nadie es capaz de desmentir que el mismo movimiento violento practicado dentro de cada casa no equivalga a un trastorno perjudicial a los intereses del comercio, paralizado, entorpecido en su marcha y sufriendo, por tanto, positiva merma, como consecuencia natural de la catástrofe. "

"Aquí, en Sagua, los establecimientos mercantiles no son esas tiendas mixtas que caracterizan el comercio de las poblaciones de campo; especies de casas de madera, de bajo puntal y soportales con piso de tierra, en donde el campesino amarra su cabalgadura y en cuyo interior, detrás de un largo mostrador la bodega se confunden con la perfumería y puede el marchante, por consiguiente ¡ proveerse en ellas de víveres, ferretería, loza, quincalle, ropa, sedería, sombreros, zapatos, etc, etc. "

"No se equivoquen de manera lamentable los que crean de igual corte a los establecimientos de Sagua. Tan bien montados como los de cada giro en La Habana, algunos son lujosos y elegantes. Pues bien: esos establecimientos aparecen hoy destartalados y sus mostradores y aparadores descoloridos y deformes por la acción del agua. En los almacenes, la obra del salvamento fue más dificultosa, y claro está, que también han perdido. Pero, en donde más se ha hecho notable la obra del aluvión, ha sido en las industrias. La fábrica de chocolates “La Flor Cubana” de Urroz y Oyarzum; la fundición y taller de maquinaria “Sagua”, arrendada por José Gutiérrez; la fábrica de hielo “La Tropical” de lso Sres Arronte y Hnos; el taller de aserrar maderas y calera, de Valentín Arenas; los talleres de “The Cuban Central Railways Lt”, el alambique “El Infierno” de los señores José M. Beguiristain, S. en C. , etc, etc., han sufrido de una manera tan atroz que si el mal no se remedia, acaso se tenga que dar por fenecida alguna de las industrias. "

"El número de casas arancadas, destruídas o averiadas, es también regular, sin contar que, no obstante haberse salvado muchos mobiliarios de casas particulares, no han dejado de ser de consideración las averías. Tiempo hubo para salvarlo todo y censuras merecen muchos que no tienen justificación para su abandono; pero, séase por apatía, por confianza, por despreocupación o por incredulidad, grandes desperfectos ha ocasionado de todas maneras en las residencias familiares, la tremenda inundación. "


CONFORMIDAD CONDICIONAL

"Dice el refrán que “no hay mal que por bien no venga,” y sí la catástrofe que acaba de sufrirse ha de ser para mejorar las condiciones de Sagua, démosla por bienvenida entonces. Los momentos de anciedad, el martirio, las desazones, las angustias, los instantes de terror, las pérdidas, las consecuencias inmediatas, y en una frase, la gravedad del cataclismo, aceptémoslo todo como cosa sin remedio y oportuna, con tal de, al fin, la obra suspirada del arreglo del río, venga enseguida y la composición y desagüe total de las calles de Sagua, sean un hecho consumado, por cuyo importante motivo se de ocupación a los miles de obreros que han dejado de tener trabajo en los campos por la terminación de la zafra. "

"En mi correspondencia anterior abordé la cuestión de apreciación entre las distintas inundaciones de Cuba, con el objetivo de evitar que, por confusión de los términos del problema general de Cuba, se tomara como igualmente primordial una que otra en lo que toca a la urgente necesidad de acometer en la Isla obras de defensa y de salvación. No creo que pueda haber duda en conceder la primacia a Sagua, pues ni los arroyos y pequeños ríos que causan las simultáneas inundaciones por otros puntos pueden, ninguno, compararse con el largo y caudaloso río Sagua La Grande, el segundo de la Isla, ni los intereses de los pueblecitos inundados son comparables a los arraigados en la plaza mercantil de Sagua; ni el número de habitantes y de propiedades es superado al que, como razón de gran peso, presenta sobre los demás a la consideración de los legisladores y del Gobierno, la Villa del Undoso. No es, pues, un egoísmo mal entendido que todo lo pidamos para acá, dejando en abandono y desamparo a los que piden con justicia iguales beneficios; es que la razón natural abona, como primordial, la causa de Sagua."


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sábado, 24 de octubre de 2009

Incomunicación de la Inundación de 1906 en Sagua La Grande

LA INCOMUNICACION

Desde el 16 por la mañana se inició la incomunicación. Dos telegramas puse en la stación, dirigidos a El Mundo, los que no pudieron pasar de Santo Domingo por destrucción de la vía entre este pueblo citado y Mordazo.

A las 3 de la tarde se interrumpían también las líneas del ferrocarril, tanto férreas como telegráficas, y estábamos de hecho completamente aislados del mundo. Ni nadie sabía una palabra de nosotros porque el gobierno civil no pudo conseguirlo, ni nosotros aquí rodeados de agua teníamos la más ligera información del mundo exterior.

La situación, por consiguiente, no podía ser más angustiosa.

La vía férrea ha quedado en tan deplorables condiciones; que requerirá grandes y costosas reparaciones. Los caminos en general, por de contado, intransitables.


LLEGADA DEL SEÑOR GOBERNADOR

En la mañana de hoy y cuando también acompañando al señor alcalde, recorríamos las calles, siempre ostentando yo la representación que de El Mundo tengo, nos sorprendió la presencia de un indivíduo extraño, con traje de bombero de Santa Clara, portando un pliego. Era del general Alemán quien, desde la noche anterior y violento por no tener noticias de Sagua, se decidió a venir en un tren expreso, pero se encontró con que no podía pasar de Sitiecito. Hoy, por la mañana se presentó el referido bombero, como pocos momentos después lo hicieron también otros dos de Camajuaní, a arrostrar el peligro de pasar, llegando a Sagua a pie. Cuando el alcalde de Sagua se disponía a contestar al gobernador civil, nos sorprendió a todos la inesperada noticia de que el general Alemán, arrostrando también peligros, había llegado en una cigüeña con otras varias distinguidas personas y bomberos de Santa Clara y de Camajuaní.

Acompañado por el alcalde señor Alfert, el Senador señor Bacardí, (accidentalmente y por casualidad aquí); el exalcalde y exrepresentante señor Gutiérrez Quirós, el capitán de la rural señor Amiell y el jefe de la secreta provincial señor Arenas, el general Alemán recorrió esta mañana a caballo las calles de esta villa, apreciando la magnitud nunca bien ponderada de la catástrofe.


LA JUNTA MAGNA

A iniciativa e invitación del alcaldemunicipal, se celebró a las 12½ del día, una asamblea popular magna, a la cual concurrieron de 80 a 100 personas, en su inmensa mayoríacomerciantes, industriales, hacendados, propietarios y hombres de valer. La mesa estaba presidida por el señor gobernador civil, que tenía a su derecha al señor Bacardí, y a su izquierda al señor Alfert.El acto tuvo lugar en los salones del “Círculo de Artesanos”.

Abrió la sesión el señor Alfert, presentando en tan triste circunstancia y con deplorable motivo al general Alemán. Siguióle la autoridad presentada quien, después de saludar al pueblo de Sagua y de lamentarse hondamente de su desgracia, ofreció como gobernador su concurso más decidido.

Pidió la palabra el señor Gutiérrez Quirós, que pronunció un sentido discurso, cuya síntesis creo que fue esta, dirigiéndose al general Alemán, como representante del gobierno: “Aquí no necesitamos limosnas de pesos más o menos, porque entre el Ayuntamiento y los vecinos por sí solos, se bastan y se sobran para mitigar miserias entre los necesitados.

Lo que hace falta es que de esos millones que la Secretaría de Hacienda anuncia como fondos del Tesoro cubano, se saque lo que haga falta para poner las calles de Sagua, en las hermosas condiciones en que estaban y para preservarnos de futuras inundaciones”.

Una salva de frenéticos aplausos saludó al orador.

Habló enseguida el señor Bacardí, diciendo que es oriental, pero que, antes que nada, es cubano. Expuso sus tristes impresiones de la catástrofe como testigo de gran efecto que ha sido, y terminó ofreciendo pedir en el Senado lo que es de imprescindible necesidad que a Sagua se le conceda. También los aplausos prolongados de inmensa gratitud, cerraron sus cariñosas frases.

Hizo uso de la palabra el comerciante señor manuel Rasco, para proponer que, sobre la marcha, pasase a La Habanauna comisión que haga ver al señor Presidente de la República, la urgentísima necesidad de atender a Sagua, pues de que esta hecha, si no se toman medidas, puede darse desde ahora como pueblo muerto, del que se marchará todo el mundo lleno de pánico. La proposición fue acogida con tanto agrado que en el acto se designó la comisión que, en tren especial, se trasladará, cuando lo disponga el general Alemán, después que se entreviste con el señor Presidente de la República, y que será esperada allí por los representantes señores Longa, Ajuria y Robau.

En dicha comisión, demasiado numerosa y abigarrada, van, sin embargo, muchas personas de gran respetabilidad y crédito, recordando en este momento a las siguientes: señores Carlos Alfert, Manuel Gutiérrez Quirós, Manuel Rasco, José María González (presidente de la Colonia Española), Pablo Sampedro, Francisco de P. Machado (administrador del Banco), Valentín Arenas, José María Beguiristain, Guillermo Fitz-Gibbon, Lcdo. José A. Badía, &ª.. A esta comisión acompañarán el general Alemán y el Senador señor Bacardí.

Al terminarse la lectura de la relación de comisionados me retiré del local en que estaba reunida la Asamblea, y no supe lo demás que allí se trató.


LA INDIGNACION DEL PUEBLO

Todos los ciudadanos atribuyen la causa de la horrible calamidad al gobierno. Las acusaciones a voz en cuello, son tan tremendas que muchas de ellas, no me atrevo a traerlas al papel. Pero, de todas maneras, el pueblo acusa al gobierno de ocuparse más de cosas que resultan fútiles, que de tender a evitar tamañas desventuras, como la que aquí ha ocurrido. Háblase, por ejemplo, de que hay dinero para que el general Rius Rivera vaya con misiones especiales (y este “especiales” lo dicen con retintín) a la América Latina, y que sin embargo, cuesta trabajo para conseguir que el problema de un pueblo amenazado de muerte, se resuelva. En fin, que los cargos son de mil pares de demonios. Algunos o muchos se dejan decir: “Ya me vendrán a pedir el voto; pero no tengan cuidado, que los mandaré a paseo”. Y por este estilo, mil recriminaciones, que no creo necesario trasladar al papel, pero que deben sobreentenderse. Al referirme a este extreme, lo hago creyendo que cumplo un deber de corresponsal, que dice todo lo que ve y oye. Cada cual, ahora, recibirá la información como lo tenga por conveniente.


... continúa.... Contado minuto a minuto, In Situ, por Alcover...


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viernes, 25 de septiembre de 2009

Inundación de 1906 - Segunda Parte

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Inundación en los días 16 y 17 de Junio de 1906
PRIMEROS TELEGRAMAS A “EL MUNDO”

...continuación...

Sagua La Grande, 15 de Junio –

El río, ya encauzado, ha vuelto a crecer rápidamente cubriendo el muelle y amenanzando con una avenida mayor que la última. Del barrio de Sitiecito piden auxilio. En Cruces y santo Domingo llueve torrencialmente. Lo mismo sucede aquí con fuerte viento del Sur. La alarma cunde en el vecindario, comentándose duramente la indiferencia del gobierno que no manda estudiar un caso que afecta a la vitalidad económica de esta plaza.


El Senador Bacardí, que se halla de tránsito, ha podido apreciar la magnitud de la calamidad. ¿Sobre quién recaerá la responsabilidad de lo que ocurra?


Sagua La Grande, 16 de Junio – 6:15 tarde-

Un telegrama del gobernador dice que llueve mucho en toda la provincia, anunciándose una perturbación ciclónica en la costa norte. El pueblo intranquilo y alarmadísimo recorre las calles ansioso de noticias. El río sigue creciendo de una manera extraordinaria. Acabo de hablar con el alcalde, quien se muestra hódamente preocupado. Me ha dicho que no se alarmó tanto en la primera avenid. Piensa publicar un bando con instrucciones para el caso de ocurrir la inundación que se teme. Las fuerzas públicas se encuentran preparadas. Oyese solamente cargos contra el gobierno, cruzado de brazos ante el peligro que corre esta Villa. Se ha ordenado que funcione toda la noche el alumbrado elétrico. El acueducto presenta una interrupción. Aseguro que reina una gran ansiedad, teniéndose una catástrofe. Se ha enviado un tren de auxilios a Sitiecita.


Junio 16,- (Demorado por interrupción.)-

El río continúa creciendo de un modo amenazador. Falta un pie para inundar el Casino Español. El temporal de agua es tremendo en toda la provincia, sin indicios de que termine pronto. El pueblo está lleno de anciedad y todos pronostican la ruina de Sagua porque definitivamente se alejarán los capitales. Solo se oye censurar la indiferencia del gobierno que ve impasiblemente la ruina de esta Villa sin hacer el menor esfuerzo por evitarlo. Si continúan subiendo con igual violencia, no puede ponerse en duda que ocurrirá aquí una catástrofe.


Junio 16,- (Con retraso por interrupción línea.)-

La situación de este pueblo es apuradísima. Todo el vecindario se encuentra en la calle lleno de ansiedad. El río acaba de inundar los salones del Casino Español, subiendo con tal rapidez el agua que asombra a los habitantes viejos, acostumbrados ya de estas inundaciones. Llueve torrencialmente sin cesar con viento fuerte. Las autoridades y los bomberos prestan auxilio. Existe incomunicación completa por ferrocarril. La indignación del pueblo contra la indiferencia del gobierno es muy grande. No sé si podré telegrafiar, porque me encuentro con mi familia en el tejado.


Junio 16, 1906. 1:10 p.m. -

“Río continúa creciendo de manera no da lugar duda posible inundación pueblo. Cubierto puente. Llueve torrencialmente. Acabo pedir tren auxilio Isabela con embarcaciones pequeñas. Publicada alocución pueblo para que esté preparado ante peligro inminente”
Carlos Alfert


Junio 16, 1906. 6:00 p.m. -

“Recibo su telegrama, muy agradicido: pueblo ya inundado. Recorro calles, establecimientos públicos; presos en el Ayuntamiento. Hospital por ahora salvo. Sale tren Isabela. Temo no pueda llegarle este parte; sin comunicación”.
Carlos Alfert

(Los dos telegramas anteriores fueron dirigidos al Gobernador Civil).


Santa Clara, Junio 17 – 9 de la noche –

“El Alcalde de Santo Domingo ha participado telegráficamente al gobernador que, según noticias procedentes de Santa Teresa, y que se han recibido por la vía de Sitio Grande, se notan desde allí señales de un gran incendio en Sagua.”

“El Alcalde de Camajuaní ha anunciado, a la vez que el de Caibarién señor García, pasó por la localidad primeramente citada y en dirección a Sitio Grande, con elementos para combatir el fuego.”

“El Alcalde de Caibarién ha anunciado a las 3 de la tarde que el agua baja paulatinamente y que el almacén de útiles del ferrocarril de Sagua, según se divisa desde Santa Teresa, está ardiendo. Supónese que sea esa una señal desesperada de auxilio”.

“El inspector de la policía especial, Sr. Méndez, ha telegrafiado pidiendo con toda urgencia auxilios para Sitiecito donde el alimento escacea”.
Laredo
Santa Clara, Junio 17 – 11:25 de la noche –

“En tren especial y acompañado del doctor Tristá y otras personas que tienen familiares en Sagua, acaba de salir para dicha localidad el gobernador de la provincia”.
Laredo


De Santo Domingo – Junio 18 –

“Jefe sección telégrafos –Habana- Por telegrama de la empresa. Vía Guaracabulla, acabo de saber que el gobernador de la provincia pudo llegar a Sagua después de muchas dificultades, encontrando la Villa en un estado espantoso. Aún no se tiene conocimiento de las desgracias personales. Han ocurrido varios incendios por el carburo de cálcio. Muchas calles han sido destruídas y en el barrio de San Juan el agua ha derrumbado algunas casas. Los reparadores en la línea desde esta mañana me anuncian muchos postes en el suelo. De oficinas y personal de telégrafos de Sagua nada he sabido. Procuro informes”.

Mallo


Santa Clara, Junio 18 –

“El gobernador Alemán ha recorrido 2 kilómetros a pié entre terraplenes destruídos, llegando a Sagua. Telegrafían que el aspecto de la ciudad es espantoso aunque no hay desgracias personales, pero si grandes perjuicios materiales. Calles destruídas y atascadas. Dos incendios destruyeron los establecimientos de ferretería “La Llave”*, una fotografía y una barbería. Alemán recorrió las calles y pide** fuerzas de la rural contra los rateros así como al gobierno central recursos inmediatos y brigadas de saneamiento, para impedir una epidemia. En el barrio de San Juan hay varias casas destruídas y arrastradas por la corriente”.

Laredo

Sagua La Grande, Junio 18 de 1906 –

Señor Director de “El Mundo”
“Solamente una obligación como la que, con gusto, me he impuesto, de informar a esa importante publicación acerca de cuanto ocurra en Sagua puede darme ánimo para relatar ligeramente siquiera el tremendo c u a d r o que con todos sus más horripilantes escenas acaba de desarrollarse en la Villa del Undoso, de ese río que ya deja de ofrecer encantos a este pueblo heróico para ser su espanto permanente. Si no fuera esa obligación, digo yo, me abstendría de hacer la descripción del drama espantoso, cuyo autor, “el elemento agua”, y que como actor ha tenido al pueblo cubano más sufrido, lleva y llevará por título en la historia; “La espeluznante inundación de Sagua”.
Antonio Miguel Alcover y Beltrán



*Información errónea. Perteneciente a este establecimiento, solo fue destruído por el incendio un depósito establecido en frente de sus almacenes.

**A solicitud del Alcalde de Sagua, tracé sobre le papel la petición.


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jueves, 23 de julio de 2009

El Ciclón del 33 según tercer testigo

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El Ciclón del 33
Cronista: Manuel García Iglesias
Contado en 1978

Después de varios meses de forzada ausencia regresé a nuestra Villa el día 30 de Agosto de 1933 por la noche. Al día siguiente fui a visitar a mis buenos amigos Miguel Castellanos Rodríguez, Alcalde de facto y Víctor Reyes Mayía, Secretario de las Administración Municipal. Estuve mucho rato en el despacho del Alcalde, y a eso de las doce del día se recibió un telegrama del Observatorio Nacional avisando que se acercaba un ciclón amenazante para la costa Norte de la Isla, recomendando se tomasen precausiones. Recuerdo que Miguel exclamó: “¡Ahora, lo único que nos faltaba: un ciclón!”.

Pero la realidad, nadie le dio gran importancia al aviso, pues todas las mentes estaban concentradas en el ciclón político que estaba desatado sobre toda la República, amén del hecho de que en Sagua no se sentían los efectos directos de un huracán desde el año 1888, cuando desapareció el barrio Isabelino de Casablanca.

Verdaderamente yo casi no me acordé más del asunto hasta que estando de visita por la noche en casa de mis estimadas amigas, las hermanas Pinto-Silva, escuché los estridentes alaridos de la sirena del Cuartel de Bomberos y algunos toques de corneta. Me despedí de mis amigas y fui hacia Fornos. Allí me encontré con mi primo Tomás Angelino Torres, “Chicho”, Secretario del Jusgado de Instrucción, quien al verme me dijo: “Yo se que tu familia no está aquí, ven para casa y lo pasaremos juntos. Y con Chicho me fui para su casa, en Carmen Ribalta entre marta Abreu y E. J. Varona. Aquella casa tenía una fachada de mampostería impresionante, pero el resto era de madera y tejas. Allí se sintieron muy fuertes los efectos del meteoro, y todos tuvimos que colaborar arduamente en la defensa del inmueble. Mi prima Irene, su esposo Abelardo Fernádez, sus hijos Irma, Digna, Juan y Abelardito, conjuntamente con “Chicho” y yo empujamos parejo contra la furia del viento. La casa se destechó parcialmente. Temprano en la mañana del día primero de Septiembre veíamos pasar por la calle las chispas llameantes del fuego que se desató en el tostadero de café “El Brazo Fuerte” de Antonio Morón.

Cuando pude salir a la calle mi ánimo quedó abatido al ver los grandes destrozos sufridos por la Villa. Especialmente los barrios pobres y rurales fueron arrasados.

El río creció como nunca antes lo había visto, ocasionándose pocos días después un gran pánico al propalar alguien la especie de que el dique se había desplomado.

A los pocos días llegó el Presidente provisional Dr. Carlos manuel de Céspedes, para estar junto al pueblo sagüero en su aflición. Nunca olviso que el Hotel Sagua, mientras se impovisaba una comida en su honor, a la luz de velas y quinqués una comisión de maestras sagüeras pedía al Sr. Presidente aumento en sus magros sueldos, en los precisos momentos en que el Dr. Céspedes era desplazado de su cargo por el incruento golpe militar –estudiantil del 4 de Septiembre.

Se estableció una cocina económica en el viejo edificio que estaba al fondo de la Iglesia Parroquial, donde más tarde se construyera el cine “Alcázar”, estando esa cocina a cargo del Sr. Carlos marús, y prestó muy buenos servicios a la comunidad.

A pesar de las dificultades políticas y económicas del momento muchas organizaciones enviaron socorros, recuerdo a la Cruz Roja, la Hermandad Ferroviaria y el Directorio Estudiantil. Fue entonces qye conocí al amigo Mario Riera, hoy Historiador y dirigente del Municipio de Bayamo.

Pero donde la tragedia alcanzó caracteres inenarrables fue en la Isabela y en Cayo Cristo. Tanto una como el otro quedaron totalmente devastados, pereciendo un numeroso grupo de vecinos en Cayo Cristo, casi todos veraneantes.

El Dr. Pedro N. Arroyo y su familia abandonaron el Cayo a tiempo. Pero hubo terquedad y obstinación por parte de los demás, y casi todos perecieron. Esperaron la fuerza de la tempestad en la residencia del Sr. José Bory, produciéndose una especie de maremoto que dividió el cayo en dos partes y arrasó con todo. Entre los sobrevivientes, muy pocos, recordamos a Pascualito Pérez y su amigo el morenito Lazarito, que milagrosamente se agarraron a unos mangles y allí capearon, sin saber como, la tormenta.



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sábado, 18 de julio de 2009

El ciclón del 33 según otro testigo

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El Ciclón del 33
Cronista: Jorge Rodríguez Peñaranda
Contado en 1978

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En mi casa, cuando era niño, mis padres y mis tías me hablaron muchas veces del ciclón de 1888. Los de su generación guardaban amargos recuerdos de los estragos causados por aquel huracán que afectó a toda la comarca sagüera y causó graves daños en la propia Sagua y también en la Isabela. Aquellos relatos databan por entonces de casi cincuenta años y la pesadilla de un ciclón era algo tan remoto que en Sagua se pensaba que jamás volvería a suceder algo similar. Y así, por no prestar temprana atención a los avisos del Observatorio del Colegio de Belén, la población de Sagua y de la Isabela fue tomada por sorpresa por el violento temporal que azotaba a toda nuestra zona en la madrugada de día 1ro de Septiembre de 1933.

Desde hacía días se había ido formando una de esas tormentas tropicales que son frecuentes en el Mar Caribe desde Junio hasta Noviembre. A pesar de la limitación de los medios de comunicación masiva de la época –cuando apenas se iniciaba la radio comercial y eran escasos los receptores en uso- la prensa diaria publicaba los boletines que emitían el P. Gutiérrez Lanza desde Belén y el ingeniero Millás desde su atalaya en la colina de la Cabaña.

La víspera del infausto día, los periódicos informaban que el ciclón se hallaba en las cercanías de las Islas Turcas y no representaba peligro inmediato para Cuba. Pero aquel meteoro, cual valeidosa damisela, súbitamente cambió su derrotero, inclinándose hacia el sudoeste. En la tarde del 31 de Agosto se recibieron en Sagua y en la Isabela avisos de inminente peligro emanados de los dos observatorios. “De mantener su rumbo actual-decían aquellos boletines-el ciclón podría afectar esta noche las costa norte de las provincias de Camagüey y Santa Clara”.

Recuerdo que mi padre, al regresar a casa aquella noche a las siete procedente de la Isabela, nos informó que Heriberto Manero que suministraba datos del tiempo como observador al Ing. Millás, había recibido un telegrama avisando sobre la creciente amenaza del huracán e igual había sucedido en el Colegio de los Jesuítas donde también se recibiera un mensaje urgente del Padre Gutiérrez Lanza. Mi padre, a la sazón administrador de la firma García Beltrán en la Isabela logró proteger aquella tarde dentro de la desembocadura del río una parte de la flota transportadora de azúcar –lanchas, patanas y remolcadores-salvándola así, como se vió después, de una segura destrucción. Pero en Sagua y en la Isabela pocos prestaron atención a aquellos conminatorios avisos. En Cayo Cristo muchas familias veraneantes hicieron caso omiso de la advertencia y sólo unos pocos regresaron a tierra firme aquella tarde.

El tiempo, por otra parte, estaba extrañamente tranquilo y bonancible en las horas tempranas de aquella noche de luna llena y nada presagiaba la inminencia del peligro. Pero a medida que nos fuimos adentrando en la noche, las condiciones del tiempo se fueron deteriorando dramaticamente. Cundió entonces el pánico y las autoridades organizaron con urgencia trenes de auxilio para evacuar hacia Sagua la población de la Isabela, que entonces contaba con unos 4 o 5 mil pobladores. En la mente de todos estaba muy presente la catástrofe provocada por el ciclón que había arrasado a Santa Cruz del Sur en Camagüey escasamente un año antes.

Por la madrugada, cuando por todas partes se escuchaba el insesante claveteo de los que así aseguraban puertas y ventanas, ya el huracán azotaba con furia a Sagua y la Isabela. Tan intensa era la fuerza del ciclón cuando lograron llegar a Sagua los últimos trenes de auxilio, consistentes en su totalidad de casillas de carga, que la mayoría de los evacuados tuvo que permanecer refugiada en la propia estación de ferrocarril y apenas unos pocos lograron aventurarse hasta el Hotel Telégrafo, a una cuadra de distancia. Otro grupo, más osado, logró refugiarse en el macizo edificio de la Parroquia. Ya no había fluído eléctrico y la furia de los elementos desencadenados se ensañaba con Sagua.

En nuestra casa de Carmen Ribalta volaron tempranamente las tejas del techo y comenzó a llover dentro tanto como afuera. La noche se fue llenando con el horrísono alular del viento que soplaba ferozmente y con el estruendo de los destrozos. Avanzando la madrugada, bajo lo más intenso del huracán, los refugiados en la estación y en el Telégrafo contemplaron horrorizados el devastador incendio que redujera a cenizas “El Brazo Fuerte”, el tostadero de café de Morón y Cía, situado al otro lado de la calle, en la esquina de Martí y Calixto García.

Con la llegada de los primeros albores del día, la intensidad del vientopareció amainar: era el paso del vórticeque según se pudo determinar más tarde, cruzó por la bahía de la Isabela, entre le poblado y Cayo Cristo. Después de las 6 de la mañana, el viento fue cediendo definitivamente y el ciclón se fue alejando de Sagua y sus alrededores. Poco a poco comenzamos a asomarnos a la calle y mi padre, angustiado, salió en busca de noticias sobre las familias de sus cuatro hermanos, residentes en la Isabela, a quienes algunos conocidos que acertaron a pasar, informaban haber visto en los trenes de auxilio en la estación o en el Telégrafo.

Y aquella mañana, mientras la lluvia no cesaba de caer como secuela del paso del ciclón, las calles de Sagua obstruídas por doquier por los árboles desarraigados, el tendido telefónico y del fuído eléctrico en el suelo y los montones de escombros causados poe el azote del temporal, se fueron poblando con los rostros angustiados de los isabelinos que buscaban algún refugio, sin noticias sobre la suerte corrida por el marítimo barrio. En nuestra casa hallaron acogida decenas de familiares, amigos y conocidos de mi padre a quienes fue preciso acomodar como se pudo, mientras se intentaba alimentarlos lo mejor posible.

Y surgió en aquella pobre gente, la urgente necesidad de saber que había sucedido en la Isabela, pues eran muchos los rumores, todos desoladores. Finalmente en la mañana del día 2, mi padre y mi tío Juan en unión de otros familiares y amigos, decidieron viajar a la Isabela por carrtera, que a pesar de los obstáculos, era de momento la única vía transitable. Con mil trabajos y tras largas horas de azaroso viaje lograron llegar un poco más allá de las salinas de Reguera y dejando allí el automóvil, continuaron andando. Ya en el pueblo, a partir de las Carboneras, el avance se les hizo aún más penoso, trepando sobre verdaderas montañas de escombros que aparentemente era todo cuanto quedaba de la Isabela. Y así atravesaron el pueblo y llegaron hasta la Punta.

La Isabela había sufrido duramente. Casi todas las casas y almacenes construídos sobre el mar entre la Aduana y el Hotel Miramar habían desaparecido. La enorme goleta “La Rafaela” había destrozado el puente de acceso a la Aduana y reposaba casi en el centro del parque, al otro lado de la Carrilera. La Escuela, el Teatro Capitolio y el Círculo Isabelino, situados frente al parque también habían desaparecido. En los almacenes de azúcar la destrucción era casi total: los pocos que habían quedado en pie habían perdido su techumbre y las contínuas lluvias empapaban despiadadamente el azúcar allí almacenada. La flota pesquera y la de transporte de azúcar había sido virtualmente arrasada por el mar. Un enorme barco de carga de bandera extranjera, al romper sus amarras había ido a encallar en Cayo Levisa, en el centro de la bahía. Y es que el ras de mar que provocara el paso del ciclón había hecho subir el nivel del agua a una altura increíble, como se pudo determinar por las huellas que dejara en su subida.

En el centro de Sagua los daños materiales no fueron tan violentos debido a la mayor solidez de las construcciones y a la contigüidad de las casas que les permitió defenderse mejor del vendaval. En el Parque de la Libertad habían caído a tierra dos de sus esbeltas palmas reales y el enorme mamoncillo del pario del Liceo, arrancado de raíz, reposaba sobre la calle Carmen Ribalta. Los centrales azucareros de la jurisdicción –Resulta, Santa Teresa, Corazón de Jesús, Resolución-habían sufrido cuantiosos daños. El Teatro Principal había quedado sin techo, pero los daños eran más graves entre las construcciones más humildes de Villa Alegre, Coco Solo y el Barrio San Juan. Uno de los edificios más afectados fue la iglesia del Colegio de los Jesuítas, que al perder también su techumbre, redujo a escombros el interior del templo, aunque los altares con sus imágenes se salvaron con escasos daños.

En los días subsiguientes se fue retornando gradualmente a la normalidad y comenzaron a llegar a la Isabela los cadáveres de las víctimas de Cayo Cristo que pudieron ser recuperados. A la mayoría se los llevó el mar para siempre y apenas un puñado logró sobrevivir milagrosamente aquella noche de horror. Años más tarde la comunidad sagüera quizo recordar la tragedia de Cayo Cristo y se erigió sobre la roca desolada una imponente cruz de piedra que recogió los nombres de los treinta y cuatro seres humanos que la muerte se llevó aquella noche de trágica recordación.

A los pocos días del paso del ciclón, cuando ya los isabelinos habían regresado a los que quedaba de sus hogares, una tarde surgió en Sagua un rumor que como reguero de pólvora se extendió por la población: ¡se rompió el dique! Durante horas la población despavorida corrió a buscar refugio en los edificios altos, ante el temor de que las aguas del Undoso, sin el freno del dique que reprimía sus acrecidos impulsos, inundara las calles del pueblo. Por fortuna, aquello no pasó de ser una falsa alarma y aquella noche todos dormimos tranquilos.

Por aquellos días y como consecuencia del paso del ciclón, Sagua y la Isabela recibieron la visita del Presidente Carlos Manuel de Céspedes que había asumido la máxima magistratura de la nación apenas dos semanas antes, a la caída del régimen de Machado. Estando Céspedes en Sagua se produjo en el Campamento de Columbia el día 4 de Septiembre el golpe de los sargentos que derrocó su gobierno y surgió un hombre, Fulgencio Batista, cuya sombra habría de proyectarse sobre la vida cubana por más de 25 años.

De la violencia e intensidad de aquel huracán quedó constancia en la cinta barométrica del equipo instalado en el Colegio de los Jesuítas que llegó a bajar hasta 711 milímetros. Es de presumir que en la Isabela bajara aún más. Así el ciclón del 33, que también afectó a Caibarién a Cárdenas y toda la costa septentrional de Cuba comprendida entre las ciudades, ha pasado a la historia como uno de los tres temporales de mayor intensidad que afectaron a Cuba hasta aquella fecha.

Por la desolación que dejara a su paso, por los enormes daños materiales que causara, por la irreparable pérdida de vidas que produjo en Cayo Cristo y por haber estado relacionado con un suceso de extraordinaria trascendencia en la historia de Cuba contemporánea, el ciclón de 1933 llena un capítulo triste en la propia historia de Sagua. En un acontecimiento que jamá olvidaremos los que aquella madrugada nos vimos expuestos a la furia de los elementos desenfrenados.

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miércoles, 8 de julio de 2009

Huracán # 5 de 1878

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En la madrugada del 7 de Septiembre de 1878, viniendo por debajo entre Calabazar de Sagua y Cifuentes, pasa por la zona sagüera el huracán # 5 de la temporada como una Tormenta tropical con rumbo Norte (ligera inclinación al Noroeste).

Este afectó también a Isabela de Sagua y los cayos.

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miércoles, 8 de abril de 2009

La inundacion del Undoso en 1894

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El 25 de Septiembre de 1894, bajo la alcaldía de Antonio Puente y Peñayo aconteció otra crecida del impredecible río Undoso donde se volvió a unir río con la Laguna de los Hoyuelos.

En esta ocasión se señaló en la pared de la botica de Don Felipe Esparza (esquina de Céspedes y Padre Varela) con una marca pintada en la pared, el nivel al que subieron las aguas en el propio centro de Sagua marcando la impresionante altura de 1 metro con 64 centímetros.

En la actualidad se conservan estas marcas en una placa en la pared de la antigua farmacia junto con otra que sucedió pocos años después.

Muchas casas a lo largo del actual malecón desaparecieron, entre ellas la de Zaldo.




Inicialmente existía una marca en la pared, luego se agrega una placa que fue sustituida por otra más adelante y es la que actualmente podemos ver en la farmacia de Esparza.


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viernes, 13 de marzo de 2009

El Ciclón 2 de 1882 en la Jurisdicción sagüera

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En la noche del lunes 4 de Septiembre de 1882 el huracán # 2 de la temporada ataca a la población por dos días trayendo pérdidas económicas.
En la Isabela , 4 lanchas se fueron a pique y la goleta inglesa L.M. Palmer cargada de azúcar.
En Encrucijada catorce casas vinieron al suelo y huvo desgracias humanas.
Aunque pasa al Sur de la región sagüera sus vientos y lluvias afectaron los días 4 y 5 a toda la zona.Con rumbo Oeste y Fuerza 1, el huracán continuó por el centro del territorio cubano.
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viernes, 27 de febrero de 2009

El Huracán número 2 de 1876

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El 16 de Septiembre de 1876, el huracán # 2 pasa por Sagua durante la madrugada como Tormenta Tropical en rumbo norte afectando a Sagua La Grande, Isabela de Sagua, y los cayos.

Con una presión de 999 milibares y subiendo por todo el paralelo 80º.

Otros detalles sobre Huracanes que han pasado por Sagua La Grande podrá verlos en el Website: SAGUA METEOROS que desde 1998 muestra algunos extractos del ARCHIVO SABANEQUE (1970-2009).



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Revista "El Undoso"

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Revista sagüera publicándose mensualmente desde 1970.

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Revista "El Sagüero"

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Revista El Saguero, 3672 SW 25 St, Coral Gables, FL 33133, U.S.A.

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Programación en Español del Canal 17

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