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miércoles, 20 de enero de 2010

Inundación de 1906, Desaliento del Pueblo / Sagua La Grande

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DESALIENTO DE UN PUEBLO

Continuación de la narración de Alcover hora tras hora...
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"Al día siguiente de la inundación, la prensa de La Habana llegada a Sagua, dada cuenta en sus columnas, bajo el rubro común de “Las inundaciones de la Isla.” De todas aquellas otras calmidades de esa índole acaecidas por estos días en los distintos poblados del territorio cubano.

"De Sagua que acaba de sufrir imcomparable golpe por la mano despiadada de la naturaleza, ni una palabra se ha encontrado en estos grandes rotativos. El caso, raro para las gentes que no tienen paciencia, explicado está, sin embargo, en la circunstancia de la incomunicación en que estuvimos y en las dificultades mismas con que, después, ha tropezado la comunicación. Las informaciones llegaron algo retrasadas a La Habana, y por consiguiente, la prensa de esa capital no pudo ocuparse de la catástrofe de Sagua con la oportunidad que todos quisieran."

"Pues bien: esta pequeña e involuntaria demora, fue calificada por el pueblo de Sagua como de indiferencia por parte de La Habana ante la gravedad del mal aquí ocurrido; y no solamente a lo dicho se concretó el descontento, desde luego infundado por ese lado, sino que entró un gran desaliento, desaliento que aún reina, porque se ha visto con pesar profundo que tanto por la prensa como por el Gobierno, se han dado las mismas proporciones a unas inundaciones que a otras, siendo así que nada hay más erróneo que confundirlas como idétincas calamidades solo diferenciadas en las proporciones."

"El pueblo de Sagua desconfía de su salvación, y desconfía por esa apreciación que acabo de exponer. Ve o quiere ver que con Sagua no hay distinción, y prepara el petate. No piensa más que en abandonar la Villa."

"Poco costoso, por ejemplo, sería que el Roque, el Aguacate, el perico, San Nicolás y otros sitios, mudaran de asiento levantado sus respectivos caseríos. Sus casas, casi todas de madera y pequeñas, podrían trasladarse a otra situación más elevada y conocida ya como libre de las aguas, pero Sagua …… Sagua no puede mudarse como la loma de Rodas, Sagua acabará por despoblarse: los comerciantes e industriales irán liquidando paulatinamente o vendiendo por una bicoca, para retirarse a otros puntos; los propietarios verán si pueden traspasar sus fincas a otras manos, a cualquier precio; los compradores de gangas no abundarán, porque la despoblación misma hará que falten inquilinos y que los alquileres sean muy bajos. "


"El miedo de morir ahogados o por el desplome de un edificio; el temor de perder los capitales invertidos y la ansiedad latente ante la amenaza de un enemigo tan permanente, acabarán con la vida de Sagua, y este será un pueblo ruinoso, pobre y desprovisto de sus alicientes, de sus atractivos de ayer, y aún de hoy."

"Urge, por consiguiente, y de urgencia es vital, que se ateje el desarrollo del malestar general que impera. No se oye más que hablar de cambios de residencia, de liquidaciones de cierre. Cese esa natural desconfianza; pero cese por la actividad y buen deseo que demuestre el Gobierno. "


"Si los vecinos, los comerciantes, los industriales y los propietarios ven que las obras del río comienzan; renacerá la confianza y lejos de decrecer Sagua, aumentará, pues esas obras de salvación redundarán por descontado, en bien del comercio mismo y de la navegación fluvial que tomarán grande incremento; esto aparte de que el numeroso contingente obrero empleado en las obras, dará vida , con la inversión de sus jornales en la compra de artículos de primera necesidad y de otras clases, al movimiento mercantil de la plaza."


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martes, 5 de enero de 2010

Inundación 1906, pérdidas y conformidad

...continuación de la narración de Alcover en 1906...

LAS PERDIDAS

"La pérdidas, digan lo que quieran algunos comerciantes de La Habana, que no quieren ver aquello que no les conviene ver, son de consideración, pues si bien es cierto, muchos tuvieron lugar y elementos para poner a salvo la mayor parte o totalidad de sus existencias, eso no excluye la razón de la desgracia tenida por otros, ni nadie es capaz de desmentir que el mismo movimiento violento practicado dentro de cada casa no equivalga a un trastorno perjudicial a los intereses del comercio, paralizado, entorpecido en su marcha y sufriendo, por tanto, positiva merma, como consecuencia natural de la catástrofe. "

"Aquí, en Sagua, los establecimientos mercantiles no son esas tiendas mixtas que caracterizan el comercio de las poblaciones de campo; especies de casas de madera, de bajo puntal y soportales con piso de tierra, en donde el campesino amarra su cabalgadura y en cuyo interior, detrás de un largo mostrador la bodega se confunden con la perfumería y puede el marchante, por consiguiente ¡ proveerse en ellas de víveres, ferretería, loza, quincalle, ropa, sedería, sombreros, zapatos, etc, etc. "

"No se equivoquen de manera lamentable los que crean de igual corte a los establecimientos de Sagua. Tan bien montados como los de cada giro en La Habana, algunos son lujosos y elegantes. Pues bien: esos establecimientos aparecen hoy destartalados y sus mostradores y aparadores descoloridos y deformes por la acción del agua. En los almacenes, la obra del salvamento fue más dificultosa, y claro está, que también han perdido. Pero, en donde más se ha hecho notable la obra del aluvión, ha sido en las industrias. La fábrica de chocolates “La Flor Cubana” de Urroz y Oyarzum; la fundición y taller de maquinaria “Sagua”, arrendada por José Gutiérrez; la fábrica de hielo “La Tropical” de lso Sres Arronte y Hnos; el taller de aserrar maderas y calera, de Valentín Arenas; los talleres de “The Cuban Central Railways Lt”, el alambique “El Infierno” de los señores José M. Beguiristain, S. en C. , etc, etc., han sufrido de una manera tan atroz que si el mal no se remedia, acaso se tenga que dar por fenecida alguna de las industrias. "

"El número de casas arancadas, destruídas o averiadas, es también regular, sin contar que, no obstante haberse salvado muchos mobiliarios de casas particulares, no han dejado de ser de consideración las averías. Tiempo hubo para salvarlo todo y censuras merecen muchos que no tienen justificación para su abandono; pero, séase por apatía, por confianza, por despreocupación o por incredulidad, grandes desperfectos ha ocasionado de todas maneras en las residencias familiares, la tremenda inundación. "


CONFORMIDAD CONDICIONAL

"Dice el refrán que “no hay mal que por bien no venga,” y sí la catástrofe que acaba de sufrirse ha de ser para mejorar las condiciones de Sagua, démosla por bienvenida entonces. Los momentos de anciedad, el martirio, las desazones, las angustias, los instantes de terror, las pérdidas, las consecuencias inmediatas, y en una frase, la gravedad del cataclismo, aceptémoslo todo como cosa sin remedio y oportuna, con tal de, al fin, la obra suspirada del arreglo del río, venga enseguida y la composición y desagüe total de las calles de Sagua, sean un hecho consumado, por cuyo importante motivo se de ocupación a los miles de obreros que han dejado de tener trabajo en los campos por la terminación de la zafra. "

"En mi correspondencia anterior abordé la cuestión de apreciación entre las distintas inundaciones de Cuba, con el objetivo de evitar que, por confusión de los términos del problema general de Cuba, se tomara como igualmente primordial una que otra en lo que toca a la urgente necesidad de acometer en la Isla obras de defensa y de salvación. No creo que pueda haber duda en conceder la primacia a Sagua, pues ni los arroyos y pequeños ríos que causan las simultáneas inundaciones por otros puntos pueden, ninguno, compararse con el largo y caudaloso río Sagua La Grande, el segundo de la Isla, ni los intereses de los pueblecitos inundados son comparables a los arraigados en la plaza mercantil de Sagua; ni el número de habitantes y de propiedades es superado al que, como razón de gran peso, presenta sobre los demás a la consideración de los legisladores y del Gobierno, la Villa del Undoso. No es, pues, un egoísmo mal entendido que todo lo pidamos para acá, dejando en abandono y desamparo a los que piden con justicia iguales beneficios; es que la razón natural abona, como primordial, la causa de Sagua."


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jueves, 10 de diciembre de 2009

Destrucción del Casino en la inundación de 1906

...continuación de la narración de Alcover...

EL CASINO ESPAÑOL

La destrucción del Casino Español fue una realidad tristísima. Hace pocos días lucía con magnificencia las más esplendorosas galas con motivo del régio matrimonio del Rey Don AlonsoII con la bellísima princesa inglesa Doña Victoria Ena de Battenberg. ¡Cuanta diferencia hoy! Aquello es una ruina que apoca el ánimo más templado. Dá grima y desconsuelo ver la destrucción que ha sufrido el centro de los laboriosos y dignos españoles de Sagua.




Yo quise entrar hasta el fondo a verlo, a ver la Biblioteca, mi departamento: porque yo, que nunca he renegado de mi suelo, era el Bibliotecario del Casino; pero no, no entré . Vicente León, el Conserje, me dijo: “No entre Vd que se va a espantar”, y yo no entré. ¡Pensar que solamente la anaquelería costó un dineral; que era una obra hermosísima de escultura en madera; que no había otra institución de esa índole en Sagua, y se comprenderá que la acción devastadora de la horrenda catástrofe ha sido impía, infernal! Tengo para mí que de este hecho, la colectividad que allí estuvo durante 40 años, desocupará el local, y hará bien . Tendremos un edificio nuevo más y suntuoso en Sagua.

LOS ARCHIVOS

En cambio, satisfactorio es decir que los archivos se han salvado, o , por mejor decir, se han salvado los de los Juzgados de Instrucción y Municipal, el del Ayuntamiento, el de Protocolo, etc. No hay razón que justifique pérdidas en este sentido y si alguno se hubiera mojado o perdido- de lo cual no tengo noticias- la responsabilidad es pura y exclusivamente de sus encargados.


Solamente por incuria o por miedo podía haberse perdido alguno, pues con tiempo más que sobrado se avisó al vecindario, y prueba de ello es que son contadas las casas de familia que no defendieron sus muebles. Si alguna familia perdió algo o mucho, atribúyase unicamente a la falta de hombres directores en los momentos críticos. El compañero en la prensa Sr. Nemesio Alvaré, por ejemplo, ha sufrido enormes pérdidas en su casa, porque se encontraba él en Cienfuegos. Su respetable esposa, rodeada de siete criaturas por cuya salvación procuraba, llena de pánico al verse sola, a penas si tuvo valor y serenidad para mirar por sus tiernos hijitos. Ahí las pérdidas están más que justificadas y los que en el mismo caso se encontraron, dignos son también de compasión y de respeto.

Pero allí en donde hubo hombres y lejos de atender a los agrados intereses generales que les estaban confiados se fueron a “bobear” a lugares de sensación o a llorar por la mala estrella del pueblo, la responsabilidad por las pérdidas es exclusiva, y no hay justificación posible. La mayor parte de las casas de comercio se salvaron totalmente y ello se explica en el aviso oportuno que con anticipación dio el Sr. Alcalde en la misma alarma ante la seguridad inminente de la catástrofe que solo no veían los eternos descreídos que se acuerdan de Santa Bárbara cuando truena.

...narrado por Alcover "in situ" minuto tras minuto...
días 16 y 17 de Junio de 1906
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martes, 3 de noviembre de 2009

Detalles de la Inundación de Sagua La Grande en 1906

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… continuación del relato, minuto a minuto, de Antonio Miguel Alcover, sobre la gran inundación del río Sagua La Grande en 1906.

VARIOS DETALLES


Voy a terminar esta carta con algunos por menores ligeros.

El comportamiento de los bomberos, policía y rural, ha sido admirable y digno de recompense.

El alumbrado público tanto eléctrico como de gas, ha comenzado a prestar servicios, gracias a la actividad del gerente de dicha empresa, señor Gerardo J. Romero.

De la Isabela mandarin el 19 un tren de auxilios con embarcaciones menores.

Muchas familias salieron del pueblo en las primeras horas del día de la inundación, con dirección a la Isabela y Chinchila.

Los presos de la Cárcel fueron trasladados a la casa Ayuntamiento.

El agua no llegó al Hospital, como tampoco a un espacio reducido de Sagua, al cual, el pueblo llama, “El Cayito”, “Loma Bonita”, y “La Islita” (Céspedes y Carrillo).

El comerciante señor Pablo Sampedro ofreció pagar la mitad del importe del tren expreso que conduzca la Comisión a esa Capital.

El río no ha concluído su descenso.


Sagua La Grande, Junio 19 de 1906
Sr. Director de “El Mundo”

En mi carta anterior, referísolamente los puntos más culminantes de la catástrofe en sus momentos primeros y críticos. Voy a dedicar esta de hoy a tocar otros efectos del mal y concretar algunos puntos que es preciso pasen a la categoría de indiscutibles para que no se confundan con otros análogos.


DESGRACIAS PROPIAS

Empezaré por mí, que pluma en mano para reseñar cuitas agenas no había de condenarme a la postergación por exigencias de la tonta modestia, virtud esta que, probado está, no es la mejor amiga de la fama y de la popularidad de los hombres del día. Conozco más de una “nulidad” que ni siquiera ha posido llegar a la considereción de medianía y, sin embargo, es todo un “ilustre”. Y no digamos nada de los “virtuosos” que, por no dar la modestia al amigo periodista, se hacen su propia apología y se ensalzan a sí mismos con una san facon que causa enojo, porque esto es cosa ya que pasó a la série de los “modernismos”. Y, después de todo, el caso es natural. ¿Quién mejor que uno mismo puede conocer los méritos propios? Y si para complementar la obra humana de la auto-glorificación, está la imprenta, ¿Cuándo fueron desdeñosos con los osados las “negras hijas de Cadmo”?

Pues bien, con ese criterio por bandera, no es difícil justificar la actitud, por de contado corriente, que asumo, de no dejar en el olvido, en defecto de mis “méritos” como hombre de pró en los momentos de la inundación,”lo que he sufrido en mis intereses por hacer el papel de Don Quijote en un pueblo, por fortuna noble y digno, aunque desgraciado, sin embargo, porque lo azotan despiadadamente los elementos y lo agitan unos cuantos tipos logreros de procedencia extraña, más interesados en su bien personal que en el bienestar general.

Habiera salvado totalmente mi imprenta si hubiese sido más práctico; pero el Alcalde solicitó mi concurso desde los primeros momentos y yo, que en eso de ser “Quijote” me pinto solo, porque no en balde mi madre me llamaba cuando niño. “candil de la calle y oscuridad de la casa, “lo abandoné todo a la buena voluntad y diligencia de los míos, y aguantando agua por arriba y recibiéndola después por abajo, hasta la cintura, anduve de Ceca a Meca con la primera autoridad local en funciones, modelo de autoridad, que imitando también al personaje clásico del manco de lepanto, hizo otro tanto igual con su familia y con sus intereses.

El que no tenga frases de elogio y de gratitud para el digno hijo de Sagua que hoy por sustitución y en contra de su voluntad, rige los destinos municipales de este desventurado pueblo, es o un vecino pernicioso o un hijo espúreo. Yo lo ví en los lugares de más peligro, hasta que no le fue posible hacer humanamente más nada, en tanto que otros, que se creeen merecedores a todo, presenciaban con tranquilidad e impavidez burlona, las cosas, desde las puertas de sus casas.

Hubo necesidad de imprimir, como decía en mi anterior, la alocución al pueblo y no había imprenta que aceptara el trabajo. Alfert me dijo: “Alcover, hay que hacerlo; la salvación del pueblo lo demanda, etc”. Y venciendo la natural resistencia de mis operarios, digo, de los obreros de mi casa, Antonio Cotilla, Rogelio Rojo y Filiberto Alcover, a los cuales encontré atareados en la obra de salvamento de la imprenta, logré al fin que la pusieran en tipos la alocución y que tiraran tres o cuatro mil hojas volantes. Acabaron a las 10 a 11 de la mañana y se fueron los unos a sus casas y mi hermano a prestar servicios como bombero, quedando la imprenta a merced de la suerte, que me fue adversa.
El lunes por la mañana, después de toda mi caballería andante, fuíme a la imprenta, y aquello era una calamidad. Las máqunas todas enmohecidas, las cajas en el suelo y titulares confundidos en el fango; la papelería echada a perder y una caja entera de magnífico papel corona que tenía para “La Historia de Sagua” toda ella, la caja, deteriorada. Nada: ladebalaque, como diría Diaz, el ex-alcalde colonial de la Habana. De suerte que pudiendo haber salvado mucho mío, lo perdí todo y nadie me agradecerá el sacrificio. Pero, valiente tonto soy que aún creo en la justicia de los hombres.
Alcover
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martes, 13 de octubre de 2009

Incendios durante la inundación de 1906 en Sagua

Continuación...

LOS FUEGOS

Retirado estaba en la pequeña habitación que adoptamos como refugio, cuando a eso de las 3 de la madrugada oímos a uno que desde el tejado gritaban: “¡fuego!”. Era lo que faltaba. Volví al tejado, y francamente lo digo: no recuerdo conflagración mayor en mi vida. Las campanas del templo echadas a vuelo, el toque de cornetas y de pitos. Y los tiros de revólver armaron un pánico espantoso. A lo lejos y en una dirección que nos era conocida, vimos levantarse enorme columna de fuego y humo. El incendio continuaba, pareciendo el cuadro terrible que a nuestra vista se desarrollaba, al más horroroso de los que pintó Dante: la terminación del mundo. Vino a mi imaginación el espectáculo siniestro y fatídico de San Francisco de California; con la diferencia beneficiosa desde luego para los californianos, de que estos podían correr y salvarse. Nosotros no; aquí cada grupo humano estaba sitiado por una corriente impetuosa de aguas desbordadas y enfurecidas. No podíamos salvarnos; no había ni la esperanza de meterse en una embarcación y abandonarse a la suerte. Ni eso siquiera.



El fuego fue en la calle de Martí, arteria principal de la población. En el número 11 de dicha calle había un depósito de carburo, de la ferretería “La Llave”, de los señores Muiño y González, S en C. Esta substancia, al ponerse en contacto con el agua, se inflamó y produjo el incendio. Quedó totalmente destruída la casa, asícomo la fotografía de Casañas y la barbería de Paco Valdés. Las casas contiguas en que están las quincallerías “La Acacia” de los señores Julio S. Montero y Hermanos, y “La Camelia” de los herederos de Moas, sufrieron serios deterioros.

Era materiarmente imposible que los bomberos prestaran el menor auxilio. El agua por allí tenía la profundidad de metro y medio y la corriente era irresistible. Doce horas más tarde, a eso de las 4 p.m. del día 17 y cuando el agua me daba por la cintura, me atreví a llegar hasta la esquina de Martí y Solís, en donde tengo mi emprenta, y estuve a punto de ser arrastrado por la corriente, de lo cual me salvé gracias a la rapidez con que me agarré al palo de un asta bandera.

En este incendio prestaron auxilios algunos jóvenes que se habían albergado en los altos del hotel “Telégrafo”, quienes se lanzaron por los tejados y según se me asegura por los interesados o sean los comerciantes salvados del destructor elemento, se portaron como héroes. He aquí la relación de los arrestados jóvenes que me proporciona el compañero Antonio Rosales Aguila:

“Everildo y Raúl Alcover; Braulio, Manuel y Rogelio Suárez; Inocencio y Angel Echevarría, Miguel Romero, Félix Fernández, Miguel Roa, Eliseo Mederos, Prudencio Angulo, Amado Jaquet pasó un cable desde la ferretería de maribona al Hotel Telégrafo con tres indivíduos que no se conocen, sosteniendo un extremo del cable los señores Manuel R. Maribona y Mariano Ruiz. “

A eso de las 7 de la mañana del 17 y cuando el agua empezaba a descender óyense de nuevos tiros, campanas, pitos y cornetas. ¿Acaso el fuego renacia? Nada de eso. Era otro incendio: el almacén de Vías y Obras de “The Cuban Central Railways, Ltd.” Ardía por la misma causa que habían desaparecido la fotografía y la barbería de la calle Martí. La columna de humo que se divisaba desde mi observatorio en el tejado de “La Vascongada” se asemejaba a una de estas vistas fotográficas que las publicaciones ilustradas nos ofrecen de la erupción del Vesubio.

El incendio duró como dos horas, habiendo averiguado no solo que fue también imposible a los denodos bomberos prestar su auxilio, sino que, conjuntamente con el carburo, estaban algunas libras de dinamita, substancia que emplea con frecuencia la empresa en sus obras de excavaciones.

...Continúa...

Contado minuto a minuto por Alcover que fue testigo.

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